En este comienzo de siglo y de milenio, asistimos a una ruptura y derrumbamiento de viejos paradigmas, en cuanto a la concepción, la percepción del mundo, de la sociedad y de la ciencia.
Un nuevo concepto integral de la salud, incorpora dentro del proceso de atención, acciones de autocuidado, de prevención y de curación; las cuales, plantean la necesidad de que el profesional de la salud rompa con la concepción mecanicista -que imperó por muchos siglos-, por una visión más amplia integral, holística y humana.
Nos señala Abascal Ramos (2001), que consultada una abundante bibliografía sobre cuál es la misión de la enfermería, en lo referente a su ejercicio y al concepto de cuidado, se han identificado:
“Cuidado como: trato humano (un modo humano de ser) al que se le incorporan conocimientos y habilidades; cuidado como imperativo ético y moral (compromiso personal de mantener la dignidad e integralidad de las personas); cuidado como afecto (implicación emo-cional, empatía, intimidad); cuidado como atención biológica (búsqueda de resultados fisiológicos como indicadores de cuidados) y por último, cuidado como acción terapéutica en la que el paciente percibe sus necesidades y demanda el tipo de cuidado que precisa; la enfermería como profesión ofrece acciones encaminadas a satisfacer dichas necesidades” .
La nueva visión abre el camino a una práctica de salud más humana y más integral, por tanto, se hace necesario que los nuevos Profesionales en Enfermería integren los saberes sobre la salud, con los comportamientos éticos que deben acompañar a las prácticas y que, finalmente, este quehacer profesional, sea una estética para el desarrollo y sostenibilidad del fenómeno que llamamos vida en el universo.
Estos tres momentos: el conocimiento, la ética y la estética se fundamentan a sí mismos dentro de las prácticas de la salud y se integran en el proceso de atención en una forma holística, integradora e integrante del profesional de enfermería.
El primer momento: hace referencia al Saber de la salud, como conjunto de conocimientos de carácter científico y práctico, propias de las ciencias de la vida, las cuales sirven para mantener, prevenir, y preservar la vida. De la interrelación y articulación de estas áreas, tanto a nivel vertical como horizontal, depende que este saber, en su referencia objetiva o práctica de salud, produzca los resultados de un ejercicio Profesional en Enfermería.
El segundo momento: el actuar ético, es uno de los rasgos que singularizan al ser humano, es el de poder obrar con toda la libertad en su forma de asumir y andar por el mundo; tal singularidad es muestra de la presencia de valores éticos, gracias a ellos la existencia humana adquiere sentido, de ahí nace la perentoria obligación de conservar el valor ético fundamental de preservar la propia vida y la de los demás, ya que la ética es una forma de vida, una manera de ser, un principio que se ha transformado en una conducta efectiva, que incide en la forma como nos relacionamos con la vida, la muerte, el amor, la sexualidad, con los otros, no como un mero ideal utópico, sino que es la efectividad de este principio vuelto conducta en el sujeto.Finalmente, el tercer momento: el momento estético, se refiere al respeto, al cuidado y a la conservación de la vida, con entendimiento, pasión y amor dentro de un concepto renovado de lo vivo. Porque cuando hablamos de vida, hablamos de un concepto amplio, que parte de las múltiples relaciones del tejido, de la trama y la urdimbre de la vida. La vida entendida así, como valor ético fundamental, es un acto estético de creatividad y es una categoría de reflexión que encierra todas aquellas expresiones sobre el fenómeno viviente, humano, del planeta o cualquier manifestación vital del Universo.
DE LA ÉTICA DE LA SUMISIÓN A UNA ESTÉTICA DE LA VIDA
Si rastreamos el desarrollo de la Profesión de Enfermería nos daremos cuenta que a pesar de los avances profesionales, ha permanecido muy apegada a los esquemas tradicionales centrados en la beneficencia y el recato. Para Florence Nightingale, (identificada como pionera de la profesión), las virtudes que deben caracterizar a una buena enfermera son:
"Una enfermera debe ser una persona de la que se pueda uno fiar, en otras palabras, capaz de ser enfermera de confianza... No puede ser chismosa, ni ligera charlatana; nunca debe contestar preguntas sobre su enfermo; ... debe ser estrictamente moderada y honesta, pero, más que esto, debe ser una mujer religiosa y devota; ha de respetar su propia vocación, porque con frecuencia se coloca en sus manos el precioso don de la vida; debe ser una minuciosa, fiel y rápida observadora, y ha de ser una mujer de buenos y delicados sentimientos". (1)
Esta caracterización definió durante todo el siglo XX la misión y el papel de la profesión de enfermería, y muy a pesar, de la incansable búsqueda por establecer una profesión liberal, la mayoría de los perfiles expresados a lo largo del pasado siglo, se enmarcaron dentro de este código ético, que si bien, logró emancipar un poco el concepto del cuidado, dejó aún subsumido el perfil profesional de la Enfermería en una ética de la sumisión.
Una necesidad fundamental de la enfermería es ser reconocida, respetada y apoyada como profesión vital para la humanidad. Es parte de su naturaleza y de su sustrato ético y científico, poseer una eficacia activa y una buena potencia moral, para así trasmitirla a los (as) que sufren la enfermedad o requieren sus saberes y talentos. Promover una ruptura con la ética de la sumisión, proponemos directamente una secularización de la cultura pro-fesional, porque quienes actualmente cuidamos a los enfermos y, en general, ejercemos esta profesión desde los diferentes campos de desempeño ético y estético, buscamos potenciar nuestra fuerza moral y, por ende, el reconocimiento social e institucional. Un proceso de secularización de la profesión reforzaría la concepción mo-derna y liberal, al igual que restauraría vestigios y secuelas de docilidad y pasividad impuestos soterradamente por siglos en su ejercicio:“La secularización de la cultura requiere poner de presente los hitos o los puntos en que se hace un uso acrítico de íconos, de símbolos y, por tanto, de lenguaje proveniente de las formas simbólicas religiosas”.Hemos reflexionado e investigado so-bre la enfermería y sobre su historia y, fruto de ello, propendemos por desarrollar una ética y una estética, apoyadas en un proceso de secularización, que potencie la energía moral de quienes la ejercemos y restaure de una vez por todas, equívocos culturales mantenidos por la tradición.
Un nuevo concepto integral de la salud, incorpora dentro del proceso de atención, acciones de autocuidado, de prevención y de curación; las cuales, plantean la necesidad de que el profesional de la salud rompa con la concepción mecanicista -que imperó por muchos siglos-, por una visión más amplia integral, holística y humana.
Nos señala Abascal Ramos (2001), que consultada una abundante bibliografía sobre cuál es la misión de la enfermería, en lo referente a su ejercicio y al concepto de cuidado, se han identificado:
“Cuidado como: trato humano (un modo humano de ser) al que se le incorporan conocimientos y habilidades; cuidado como imperativo ético y moral (compromiso personal de mantener la dignidad e integralidad de las personas); cuidado como afecto (implicación emo-cional, empatía, intimidad); cuidado como atención biológica (búsqueda de resultados fisiológicos como indicadores de cuidados) y por último, cuidado como acción terapéutica en la que el paciente percibe sus necesidades y demanda el tipo de cuidado que precisa; la enfermería como profesión ofrece acciones encaminadas a satisfacer dichas necesidades” .
La nueva visión abre el camino a una práctica de salud más humana y más integral, por tanto, se hace necesario que los nuevos Profesionales en Enfermería integren los saberes sobre la salud, con los comportamientos éticos que deben acompañar a las prácticas y que, finalmente, este quehacer profesional, sea una estética para el desarrollo y sostenibilidad del fenómeno que llamamos vida en el universo.
Estos tres momentos: el conocimiento, la ética y la estética se fundamentan a sí mismos dentro de las prácticas de la salud y se integran en el proceso de atención en una forma holística, integradora e integrante del profesional de enfermería.
El primer momento: hace referencia al Saber de la salud, como conjunto de conocimientos de carácter científico y práctico, propias de las ciencias de la vida, las cuales sirven para mantener, prevenir, y preservar la vida. De la interrelación y articulación de estas áreas, tanto a nivel vertical como horizontal, depende que este saber, en su referencia objetiva o práctica de salud, produzca los resultados de un ejercicio Profesional en Enfermería.
El segundo momento: el actuar ético, es uno de los rasgos que singularizan al ser humano, es el de poder obrar con toda la libertad en su forma de asumir y andar por el mundo; tal singularidad es muestra de la presencia de valores éticos, gracias a ellos la existencia humana adquiere sentido, de ahí nace la perentoria obligación de conservar el valor ético fundamental de preservar la propia vida y la de los demás, ya que la ética es una forma de vida, una manera de ser, un principio que se ha transformado en una conducta efectiva, que incide en la forma como nos relacionamos con la vida, la muerte, el amor, la sexualidad, con los otros, no como un mero ideal utópico, sino que es la efectividad de este principio vuelto conducta en el sujeto.Finalmente, el tercer momento: el momento estético, se refiere al respeto, al cuidado y a la conservación de la vida, con entendimiento, pasión y amor dentro de un concepto renovado de lo vivo. Porque cuando hablamos de vida, hablamos de un concepto amplio, que parte de las múltiples relaciones del tejido, de la trama y la urdimbre de la vida. La vida entendida así, como valor ético fundamental, es un acto estético de creatividad y es una categoría de reflexión que encierra todas aquellas expresiones sobre el fenómeno viviente, humano, del planeta o cualquier manifestación vital del Universo.
DE LA ÉTICA DE LA SUMISIÓN A UNA ESTÉTICA DE LA VIDA
Si rastreamos el desarrollo de la Profesión de Enfermería nos daremos cuenta que a pesar de los avances profesionales, ha permanecido muy apegada a los esquemas tradicionales centrados en la beneficencia y el recato. Para Florence Nightingale, (identificada como pionera de la profesión), las virtudes que deben caracterizar a una buena enfermera son:
"Una enfermera debe ser una persona de la que se pueda uno fiar, en otras palabras, capaz de ser enfermera de confianza... No puede ser chismosa, ni ligera charlatana; nunca debe contestar preguntas sobre su enfermo; ... debe ser estrictamente moderada y honesta, pero, más que esto, debe ser una mujer religiosa y devota; ha de respetar su propia vocación, porque con frecuencia se coloca en sus manos el precioso don de la vida; debe ser una minuciosa, fiel y rápida observadora, y ha de ser una mujer de buenos y delicados sentimientos". (1)
Esta caracterización definió durante todo el siglo XX la misión y el papel de la profesión de enfermería, y muy a pesar, de la incansable búsqueda por establecer una profesión liberal, la mayoría de los perfiles expresados a lo largo del pasado siglo, se enmarcaron dentro de este código ético, que si bien, logró emancipar un poco el concepto del cuidado, dejó aún subsumido el perfil profesional de la Enfermería en una ética de la sumisión.
Una necesidad fundamental de la enfermería es ser reconocida, respetada y apoyada como profesión vital para la humanidad. Es parte de su naturaleza y de su sustrato ético y científico, poseer una eficacia activa y una buena potencia moral, para así trasmitirla a los (as) que sufren la enfermedad o requieren sus saberes y talentos. Promover una ruptura con la ética de la sumisión, proponemos directamente una secularización de la cultura pro-fesional, porque quienes actualmente cuidamos a los enfermos y, en general, ejercemos esta profesión desde los diferentes campos de desempeño ético y estético, buscamos potenciar nuestra fuerza moral y, por ende, el reconocimiento social e institucional. Un proceso de secularización de la profesión reforzaría la concepción mo-derna y liberal, al igual que restauraría vestigios y secuelas de docilidad y pasividad impuestos soterradamente por siglos en su ejercicio:“La secularización de la cultura requiere poner de presente los hitos o los puntos en que se hace un uso acrítico de íconos, de símbolos y, por tanto, de lenguaje proveniente de las formas simbólicas religiosas”.Hemos reflexionado e investigado so-bre la enfermería y sobre su historia y, fruto de ello, propendemos por desarrollar una ética y una estética, apoyadas en un proceso de secularización, que potencie la energía moral de quienes la ejercemos y restaure de una vez por todas, equívocos culturales mantenidos por la tradición.


